¿En qué consiste la Apiterapia?

    Las sesiones de Apiterapia deben seguir un orden fundamental para el paciente, ya que de esto depende la correcta aplicación y posterior sanidad de quien será sometido al tratamiento.
 El apiterapeuta toma por el tórax a la abeja obrera, ayudado por una pinza metálica especial, y dirige al aguijón de esta hacia los puntos específicos que han sido insensibilizados (aplicación de hielo), se hace una suave presión sobre la piel para que el aguijón pueda clavarse y es retirado rápidamente con una pinza fina cuidando de no tocar la glándula del veneno.

Esto permite que el veneno pueda llegar directamente al torrente sanguíneo ya que, la apitoxina penetra aproximadamente 3 cm y bajo la dermis al ser inoculado, esto ayuda a que el proceso de reparación del cuerpo sea mucho más eficiente.

  Luego de haber descartado en el paciente el factor de alergia y dependiendo de la naturaleza de la enfermedad o dolencia a tratar; se iniciarán las sesiones de terapia donde gradualmente se irán aplicando “microdosis” del veneno de abeja en diferentes zonas del cuerpo del paciente por 2 ó 3 segundos cada una.

El Apiterapeuta realizará un mapa de “la ruta del dolor” en todo el cuerpo del paciente, se identificarán los puntos físicamente afectados y se marcarán para su estimulación gradual. El tratamiento avanzará con aplicaciones locales y sistémicas.

Normalmente  la terapia se realiza en sesiones semanales con una frecuencia
 de una sesión por semana. En la primera sesión se podrán realizar 3 ó 4 aplicaciones en diferentes puntos del cuerpo, incluyendo el test de tolerancia; en la medida que la terapia avance, las “picaduras” podrán incrementarse gradualmente hasta un rango que puede variar entre 10 y 12 aplicaciones dentro de una misma sesión. Todo dependiendo de la naturaleza de la enfermedad o dolencia del paciente y de la respuesta de su organismo al avance del tratamiento.

¿En qué consiste?

Lo primero que el apiterapeuta debe realizar con el paciente es un "test de tolerancia" para poder descartar alguna posible reacción alérgica al veneno de la abeja llamado "apitoxina". Esto se debe realizar principalmente por precaución, ya que sólo un 2% de la población global sufre de intolerancia al veneno, sin embargo en las personas que son hipersensibles puede desencadenar un "shock anafiláctico", por el cual el paciente debe ser tratado rápidamente con el antídoto correspondiente.
El apiterapeuta preparado es capaz de reconocer los síntomas de esto y actuar a tiempo para controlar la situación, ya que la respuesta del cuerpo a la apitoxina es casi inmediata. También la persona que va a ser tratada puede asistir a un especialista que le realice pruebas para descartar alguna alergia al veneno de las abejas y así poder iniciar su tratamiento de apiterapia con toda confianza.